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Kommission übergibt Bericht

- Auf der Suche nach der Wahrheit -

Am 25. Februar des Jahres 1999 war es endlich soweit. Die Wahrheitskommission Comisión para el Esclarecimiento Histórico (CEH) übergab nach ca. 1½ Jahren intensiver Arbeit (Juli 1997 bis Anfang 1999, wovon bis Mai 1998 die Zeugenaussagen gesammelt wurden) den neunbändigen Bericht „Guatemala: Memoria del Silencio“ an die Unterzeichner des 1996 in Oslo abgeschlossenen Friedensvertrages. Als Vertreter der URNG (Unidad Revolucionaria Nacional de Guatemala) war Jorge Soto anwesend und als Vertreterin der Regierung Raquel Zelaya, Vorsitzende des Friedenssekretariats der Regierung. Außerdem wurde der Bericht Alvaro de Soto, dem stellvertretenden Generalsekretär der Vereinten Nationen, überreicht.

Der Bericht enthält sowohl die Ergebnisse der Untersuchungen über die Verletzungen der Menschenrechte während des 34 Jahre andauernden Bürgerkrieges als auch Empfehlungen an die beteiligten Gruppen zur Aussöhnung. Daß dieses wichtige Ereignis auf den 25. Februar fiel, war sicherlich kein Zufall, dies ist der Neujahrstag der Mayas, so daß hierdurch hoffentlich nicht nur ein symbolischer Neuanfang gefeiert wurde.
Als Christian Tomuschat (Koordinator der CEH) sich von seinem Stuhl erhob, um sich an die „sociedad tan duramente golpeada que ahora está renaciendo, buscando caminos de paz que conduzcan al establecimiento de una nación nueva, justa y multicultural, en el marco de un Estado Democrático de Derecho“ wandte, ging ein langer und schwerer Säufzer der Erleichterung, aber auch des Schmerzes durch die Masse von 10.000 Menschen im Nationaltheater von Guatemala Stadt. Alle Anwesenden waren emotional betroffen, viele Menschen weinten, darunter auch solche, die den Bürgerkrieg nie miterlebt haben.
Da die Rede (http://hrdata.aaas.org/ceh) einfach zu ergreifend ist, um sie zusammenzufassen, wird sie im Folgenden abgedruckt. Natürlich ist es wesentlich beeindruckender und intensiver, diese Rede direkt zu hören, die Gestik und Mimik des Sprechers sehen zu können, die Reaktionen aus dem Publikum mitzuerleben, doch ich hoffe, daß man sich trotzdem, auch wenn man sie nur liest, gut vorstellen kann, welch große Wirkung sie auf das Publikum hatte.

Die Rede Tomuschats

1. La Comisión para Esclarecimiento Histórico (CEH) inició sus trabajos el 31 de julio de 1997, conforme con el mandato y los critérios establecidos por las Partes que firmaron el Acuerdo de Oslo. Ha sido un difícil camino que ahora aporta sus frutos. Desde julio del 1997 hasta mayo de 1998 recogimos miles de testimonios de víctimas, de testigos y de protagonistas del enfrentamiento armado. Nuestro personal llegó a miles de comunidades del interior del país: desde las selvas del Ixcán a las plantaciones de la Costa Sur; desde las montañas del Occidente hasta las riberas del Océano Atlántico.
2. Devolvemos hoy a las Partes firmantes del Acuerdo de Oslo los resultados de las investigaciones que estos miles de testimonios han originado. Pero deseamos devolverlos, especialmente a la sociedad guatemalteca, a los guatemaltecos; a esta sociedad tan duramente golpeada que ahora está renaciendo, buscando caminos de paz que conduzcan al establecimiento de una Nación nueva, justa y multicultural, en el marco de un Estado democrático de Derecho.
3. Cuando los comisionados integramos la CEH, cada uno por diferentes caminos y todos por azares de la vida, sabíamos a grandes rasgos lo que había acontecido en Guatemala durante el enfrentamiento armado. Sin embargo, nadie de nosotros podía imaginar la dimensión de esta tragedia; tampoco los comisionados guatemaltecos que en esos años la vivieron directamente.
4. Los casos investigados por la CEH sólo son una muestra de la realidad de las violaciones a los derechos humanos y de los hechos de violencia que ocurrieron durante el enfrentamiento armado. En estos casos hemos registrado más de 42,000 víctimas de violaciones: entre éstas más de 29,000 fueron ejecutadas o desaparecidas. Combinando estos datos con otros estudios realizados, hemos llegado a la conclusión que el saldo en muertos y desaparecidos del enfrentamiento fratricida llega a más de 200,000 personas.
5. La CEH ha establecido que las fuerzas de Estado y grupos paramilitares afines fueron responsables del 93% de las violaciones documentadas; las fuerzas insurgentes fueron responsables del 3%, mientras que en el restante 4% de los casos se incluyen otros autores o no fue posible reunir elementos suficientes para establecer la responsabilidad de los hechos.
6. Con profundo sentimiento la CEH ha conocido la extrema crueldad con que se perpetraron muchas de las violaciones registradas, así como la gran cantidad de niñas y niños, víctimas de actos crueles y asesinatos, y el ensañamiento en contra de las mujeres, especialmente en contra de las mujeres mayas, torturadas, violadas sexualmente y asesinadas.
7. Esta magnitud y la inhumana irracionalidad de la violencia que azotó el país por más de tres décadas no pueden ser explicadas simplemente como consecuencia de un enfrentamiento armado entre dos partes. Hemos llegado a la conclusión que la estructura y la naturaleza de las relaciones económicas, culturales y sociales en Guatemala, así como el racismo, el cierre de los espacios de participación y la renuncia a impulsar reformas sustantivas del Estado constituyeron los factores que determinaron el origen y el estallido del enfrentamiento armado. Hemos constatado, además, la participación, bajo diferentes formas, de los grupos de poder económico, los partidos políticos, los universitarios y las iglesias, así como otros sectores de la sociedad civil. Por todo ello, la CEH concluye que la explicación de fondo del enfrentamiento armado guatemalteco no puede reducirse a una lógica de dos actores armados: tal interpretación no explica ni podría fundamentar la persistencia y la significación que tuvo la participación de los partidos políticos y fuerzas económicas en la génesis, desarrollo y perpetuación de la violencia; ni los repetidos esfuerzos organizativos y la constante movilización de sectores de la población que luchaban por alcanzar reivindicaciones económicas, políticas y culturales.
8. Asimismo, gobiernos extranjeros se involucraron a menudo en los asuntos internos de Guatemala, contribuyendo a determinar y sostener el enfrentamiento armado. Las investigaciones de la CEH demuestran que, hasta mediados de la década de los ochenta, hubo fuertes presiones del Gobierno de los Estados Unidos de América y de empresas norteamericanas, para mantener la arcaica e injusta estructura socio-económica del país. Además, el Gobierno de los Estados Unidos, a través de diversas dependencias, incluyendo la Agencia Central de Inteligencia (CIA), apoyó directa e indirectamente algunos operativos ilegales del Estado. Por otra parte, la CEH tiene información del apoyo brindado por el Gobierno de Cuba a las organizaciones guerrilleras, lo que incluyó la formación militar de combatientes. Acerca del involucramiento de otros gobiernos extranjeros, la CEH ha tenido noticias fragmentarias que no pudo comprobar de una forma plena.
9. La Doctrina de Seguridad Nacional, que durante muchos años guió la línea de actuación del Estado de Guatemala y del Ejército Nacional, ha sido una de las bases teóricas que produjeron la tragedia nacional. Según esta doctrina, la estrategia contra insurgente definía explícitamente como enemigo no sólo a los integrantes de las organizaciones insurgentes, sino también a todos aquellos ciudadanos, organizados o no, que podían ser calificados como opositores. La aplicación de esta teoría explica, con estremecedora claridad, por qué la enorme mayoría de las víctimas del enfrentamiento armado no fueron combatientes, sino civiles: algunos murieron por sus ideales, otros en acciones totalmente indiscriminadas.
10. Durante gran parte del enfrentamiento armado interno, creyendo que el fin lo justificaba todo, el Ejército y las Fuerzas de Seguridad del Estado persiguieron ciegamente la lucha anticomunista, sin respetar ningún principio jurídico, ni los más elementales valores éticos o religiosos, para llegar así a la completa pérdida de la moral humana.
11. La CEH ha constatado, asimismo, significativas diferencias en la distribución territorial de las operaciones represivas y de la frecuencia de las violaciones perpetradas por el Estado. De 1962 a 1970 se concentraron en el Oriente, en la Capital y la Costa Sur. Las víctimas eran miembros de las organizaciones gremiales rurales, campesinos, profesores y estudiantes universitarios y secundarios. De 1971 a 1977 los operativos ilegales fueron más selectivos y dispersos; esta vez las víctimas fueron líderes comunitarios, dirigentes sindicales, catequistas y estudiantes. Fue en estos años que la represión cobró más víctimas entre los intelectuales, los dirigentes y, en general, los ladinos de la capital.
12. Entre 1978 y 1985 se registra el período más sanguinario del enfrentamiento armado. Se cobró la mayor parte de las víctimas en Quiché, Huehuetenango, Chimaltenango, Alta y Baja Verapaz, en la Costa Sur y en la Capital. En este período las víctimas fueron, en su mayoría, maya. En el último período, entre 1986 y 1996, los operativos tuvieron un carácter más selectivo, afectando en proporción similar a indígenas y ladinos.
13. La población maya ha pagado el tributo más alto a la lógica irracional del enfrentamiento armado. Particularmente en los años de su exacerbación, entre 1978 y 1983, en varias regiones del país el Ejército identificó a grupos del pueblo maya, como aliados naturales de la guerrilla. Esta falsa convicción incrementó y agravó las violaciones de los derechos humanos que se perpetraron contra el pueblo maya, evidenciando agresivos componente racistas y de extrema crueldad. Se llegó al exterminio masivo de comunidades mayas inermes, a las que se atribuía vinculación con la guerrilla, incluyendo niños, mujeres y ancianos, y aplicando métodos cuya crueldad causa horror en la conciencia moral del mundo civilizado.
14. Mediante las masacres y las denominadas operaciones de „tierra arrasada“, planificadas por las fuerzas del Estado, se exterminaron por completo comunidades mayas, se destruyeron sus viviendas, ganado, cosechas y otros elementos esenciales de sobrevivencia. La CEH ha registrado 626 masacres cuya autoría atribuye a fuerzas del Estado. La CEH estableció que muchas de las masacres y otras violaciones de los derechos humanos cometidas en contra de tales grupos respondieron a una política superior, estratégicamente planificada, que se tradujo en acciones que siguieron una secuencia lógica y coherente.
15. Sobre la base de una profunda investigación que hemos realizado, teniendo en cuenta las definiciones de la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio, con gran consternación, la CEH concluye que, en el marco de las operaciones contra insurgentes realizadas entre 1981 y 1983, en ciertas regiones del país, agentes del Estado de Guatemala cometieron actos de genocidio en contra de grupos del pueblo maya.
16. El sistema judicial del país, por su ineficiencia provocada o deliberada, no garantizó el cumplimiento de la ley, tolerando y hasta propiciando la violencia. Por omisión o acción, el poder judicial contribuyó al agravamiento de los conflictos sociales en distintos momentos de la historia de Guatemala. La impunidad caló hasta el punto de apoderarse de la estructura misma del Estado y se convirtió tanto en un medio como en un fin. Como medio, cobijó y protegió las actuaciones represivas del Estado, así como las de particulares afines a sus propósitos. Como fin, fue consecuencia de los métodos aplicados para reprimir y eliminar a los adversarios políticos y sociales.
17. Los grupos guerrilleros cometieron también actos de violencia que conculcaron el derecho a la vida, mediante ejecuciones arbitrarias de miembros de la población civil o de particulares indefensos, algunos de ellos vinculados al enfrentamiento, como los comisionados militares y los miembros de las Patrullas de Autodefensa Civil (PAC). La CEH ha comprobado que grupos guerrilleros fueron también responsables de ejecuciones arbitrarias de miembros de sus propias organizaciones.
18. Se atribuye a la guerrilla, también, 32 masacres; en su mayoría, perpetradas entre 1981 y 1982.
19. El secuestro de personas indefensas, con fines políticos o con el propósito de obtener un aporte económico a cambio de la libertad del secuestrado, fue empleado reiteradamente por la guerrilla. Estos secuestros estaban dirigidos contra personalidades del mundo político, diplomático o empresarial de Guatemala. En unos casos, las personas secuestradas, entre éstas un embajador extranjero, fueron ejecutadas posteriormente.
20. La mayor parte de las violaciones de los derechos humanos conocidas por la CEH, y perpetradas por agentes del Estado o por los grupos paramilitares afines al Estado, se produjo: con el conocimiento o por orden de las más altas autoridades militares. La CEH cuenta con evidencias de distinto origen -entre otras: declaraciones de antiguos miembros de los servicios de seguridad del Estado y documentación desclasificada - que demuestran que los servicios de Inteligencia del Ejército, especialmente la G-2 y el Estado Mayor Presidencial (EMP), fueron los autores intelectuales y los organizadores directos de capturas, interrogatorios ilegales, torturas, desapariciones forzadas, ejecuciones.
21. Los resultados de nuestras investigaciones demuestran que, generalmente, la excusa de que los mandos subalternos actuaron con un amplio margen de autonomía, excusa con la que se trataba de justificar que se cometieron excesos y errores que no fueron ordenados por los superiores, es un argumento sin sustentación ni base alguna.
22. Sobre la base de que se cometió genocidio, la CEH concluye que, sin perjuicio que los sujetos activos son los autores intelectuales y materiales del crimen, en los actos de genocidio cometidos en Guatemala existe también responsabilidad del Estado, y esto debido a que, en su mayoría, estos actos fueron producto de una política preestablecida por un mando superior a sus autores materiales. El Estado también incumplió su obligación de investigar y castigar los actos de genocidio cometidos en su territorio.
23. Por otra parte, la CEH está convencida que la gran parte de los hechos de violencia que hemos investigado, cuya autoría atribuimos a organizaciones guerrilleras, se produjeron también con el conocimiento de los altos mandos militares de estos grupos armados: en algunos casos porque los hechos fueron la concreción de una estrategia político-militar deliberada, y en otros porque se realizaron en cumplimiento de decisiones adoptadas al más alto nivel.
24. En consecuencia, la CEH concluye que, de los atentados contra la vida de las personas y otras violaciones del derecho internacional humanitario, cometidas por la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) o por las organizaciones que la conformaban, se deriva una ineludible responsabilidad de los rangos superiores de la estructura orgánica de la guerrilla.
25. Los autores del Acuerdo de Oslo pensaban que, a pesar del choque que pueda sufrir la nación al mirarse en el espejo de su pasado, es necesario conocer y hacer pública la verdad. Esperaban y esperan que la verdad conduzca a la reconciliación. Conociendo la verdad de lo sucedido será más fácil alcanzar la reconciliación nacional, para que los guatemaltecos puedan vivir en una auténtica democracia. Es indudable que la verdad beneficia a todos: las víctimas, cuyo pasado ha sido denigrado y manipulado, se verán dignificadas; por el reconocimiento de sus actos criminales, los victimarios podrán recuperar también la dignidad, de la cual ellos mismos, con sus actos, se privaron.
26. Sin embargo, nadie puede hoy asegurar si el inmenso desafió de la reconciliación a través de la verdad puede ser enfrentado con éxito. Para ello se requiere que los hechos históricos sean reconocidos y asumidos en las conciencias individuales así como en la conciencia colectiva. El futuro del país depende, en gran medida, de las respuestas del Estado y de la sociedad frente a las tragedias vividas en carne propia por la inmensa mayoría de las familias guatemaltecas.
27. Para ello, la Comisión para el Esclarecimiento Histórico recomienda que se inicie cuanto antes un programa nacional de reparación, que incluya la dignificación de la memoria de las víctimas, la divulgación de la verdadera historia del enfrentamiento armado y medidas puntuales de resarcimiento colectivo e individual, y en especial a beneficio de las víctimas socialmente y económicamente más débiles.
28. La CEH recomienda también que el Estado emprenda una política activa de exhumaciones de los centenares de cementerios clandestinos aún existentes, así como la identificación final del paradero de los desaparecidos. Hemos comprobado el desasosiego que padecen muchos miles de guatemaltecos, por no saber qué les sucedió a sus seres queridos, y el dolor de otros miles que no han podido dar religiosa sepultura a sus familiares. Aún hoy estas son profundas llagas abiertas en la sociedad y en la conciencia nacional.
29. La Comisión espera que el Estado cumpla y haga cumplir en todos sus términos la Ley de Reconciliación Nacional, persiguiendo y enjuiciando los delitos cuya responsabilidad penal no se extingue en virtud de esta ley.
30. Para que toda la sociedad pueda tener plena confianza en el orden democrático y en los organismos del Estado, la CEH recomienda al presidente de la República que, en virtud de sus prerrogativas constitucionales, establezca una comisión que, bajo su autoridad y supervisión inmediata, examine la conducta de los oficiales del Ejército y de los diversos cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado, en activo durante el período del enfrentamiento armado, con el objetivo de adoptarse las medidas administrativas adecuadas para proceder a la depuración de los mismos.
31. Con el objetivo de favorecer la concordia nacional y favorecer la paz, la CEH ha formulado también recomendaciones relacionadas con: el sistema de administración de justicia y el respeto de los derechos humanos; la educación cívica, la promoción de una cultura de respeto mutuo y la difusión de la verdad histórica acerca del enfrentamiento armado interno. Además se recomienda adoptar reformas legislativas de fondo que definan una nueva función del Ejército y una nueva doctrina militar, al igual que un reforzamiento de carácter civil de la Policía Nacional Civil.
32. Para avanzar por la senda de la reconciliación, es esencial devolver la dignidad a las víctimas. Por ello la CEH recomienda que el presidente de la República y la ex - Comandancia de la URNG reconozcan los hechos del pasado descrito en este informe, asuman las correspondientes responsabilidades en nombre del Estado y de la URNG, y finalmente pidan perdón ala sociedad entera.
33. Por último, la Comisión recomienda el establecimiento de una entidad nacional de seguimiento que apoye, impulse y vele por el cumplimiento de las recomendaciones de la CEH.
34. Finalmente, la CEH reconoce los grandes esfuerzos de los gobiernos democráticos de la historia reciente del país y de la sociedad entera, en la búsqueda de la paz. El Gobierno del presidente Alvaro Arzú y la Comandancia de la URNG concluyeron, a finales de 1996, un largo proceso de negociación que condujo al país al fin del enfrentamiento armado interno.
35. Para alcanzar la verdadera reconciliación y edificar una nueva nación, democrática y participativa, que valore su carácter multiétnico y pluricultural, la sociedad entera deberá asumirlos compromisos del proceso de paz. Sin lugar a dudas se trata de un esfuerzo profundo y complejo, que la sociedad guatemalteca adeuda a los miles de hombres y mujeres valientes que, reclamando el pleno respeto a los derechos humanos y al Estado democrático de Derecho, asentaron los cimientos de esta nueva nación. Ocupa un primer plano en nuestra memoria, entre todos ellos, Monseñor Juan Gerardi Conedera.
36. Con humildad y profundo respeto, la Comisión dedica su trabajo a la memoria de todos los muertos que cobró la violencia fratricida en Guatemala, durante más de tres décadas.

Feststellung des Genozids

Ich glaube, daß die Worte Tomuschats für sich selbst sprechen. Jeder Leser dieses Artikels sollte sie vielleicht erst einmal auf sich wirken lassen, bevor er weiterliest.
Die Feststellung des verübten Genozids wurde sowohl auf der Grundlage der fast einjährigen Untersuchung als auch unter Berücksichtigung der Definitionen in der 1949 in Guatemala ratifizierten Konvention über die Vermeidung und Bestrafung von Völkermord getroffen. Hier wird Völkermord definiert als Massaker an Mitgliedern einer Gruppe, schwere körperliche und seelische Verletzung oder die absichtliche Unterwerfung unter Lebensbedingungen, die zu totaler Zerstörung führen, beispielsweise Maßnahmen zur Unterbindung von Geburten in dieser Gruppe.
Die lächerliche Antwort hierauf von General Efraín Ríos Montt, der von 1981 bis 1983, also während den blutigsten, grausamsten und verlustreichsten Jahren des Bürgerkrieges, an der Regierungsspitze Guatemalas stand, ist im Anschluß an diesen Artikel in Form eines Interviews zu lesen.
Auch die Worte Otilia Luz de Cotís begeisterten das Publikum. Sie drückte ihren Wunsch aus, daß Guatemala den Weg des Friedens, der Gerechtigkeit, des gegenseitigen Respekts und der Toleranz gemeinsam geht, nachdem das Volk den Weg des blutigen bewaffneten Kampfes gehen mußte. „Wir dürfen nicht wieder dazu gezwungen werden, zu töten oder zu unterdrücken. Die CEH übergibt den Bericht an Frauen und Männer, Mayas und Ladinos, damit insbesondere die junge Generation die Geschehnisse des 34 Jahre andauernden Bruderkrieges kennenlernt.“ Sie betonte, daß die Mayas, die am schlimmsten vom Bürgerkrieg betroffen gewesen seien, keine Rache wollten, doch sie verlangten, daß sie endlich vollkommen respektiert und akzeptiert würden.
Am Schluß ihrer Rede würdigte sie noch einmal die Opfer des Bürgerkrieges und besonders den Bischof Juan Gerardi Conedera, der vor einem Jahr auf brutalste Weise umgebracht wurde, nachdem er den Bericht des Erzbistums Guatemalas über die Vergehen des Bürgerkrieges öffentlich vorgestellt hatte. Dies hatte einen besonders intensiven und langen Beifall zur Antwort und schnürte vielen Menschen die Kehle zu.
Aus dem Publikum hörte man immer wieder Rufe, sowohl von einzelnen Personen als auch von verschiedenen Menschenrechtsorganisationen, wie „Ayer Pinochet, mañana Ríos Montt“.
Der Präsident Guatemalas, Alvaro Arzú, der wie der Verteidigungsminister Héctor Barrios Celada die Entgegennahme des Berichts mit der Begründung, daß er das Dokument noch nicht durchgelesen hätte, verweigerte, empfing ebenfalls Rufe aus dem Publikum, doch mußte er sich mit Buhrufen begnügen. Er tat nichts anderes als in der ersten Reihe physisch präsent zu sein und zu Beginn die Nationalhymne zu singen. Die einzige Geste, die er über sich brachte, war ein Händeschütteln für die Vorsitzenden der CEH (Christian Tomuschat, Otilia Lux de Cotí und Alfredo Basells Tojo), für Jorge Soto, Raquel Zelaya und Alvaro de Soto. Danach zog er sich diskret zurück und verschwand von der Bühne, ohne daß ihn irgend jemand vermißt hätte.
Die Reaktion des US-amerikanischen Botschafters Donald Planty auf die Aussage, daß die USA über verschiedene Regierungsstellen einschließlich des CIA direkte und indirekte Unterstützung für bestimmte illegale Operationen zur Verfügung gestellt hatte, die während des Bürgerkrieges von der guatemaltekischen Regierung durchgeführt wurden, sprach – wie das unauffällige Verschwinden Arzús – Bände. Er bezeichnete dies als eine falsche Interpretation der Tatsachen. Das wichtigste sei die nationale Aussöhnung, doch mit der Nation, welche die bewaffnete Auseinandersetzung erlebt habe. Außerdem fügte er hinzu – um die USA in ein etwas positiveres Licht zu stellen –, daß sein Land für den Friedensprozeß mehr wirtschaftliche Hilfe als jedes andere beigesteuert habe. Noch einmal betonte er, daß die nationale Aussöhnung jetzt das Wichtigste sei.
Die Kommission ist noch in der gleichen Nacht aufgelöst worden und die nächsten Jahre werden zeigen, inwieweit ihre Empfehlungen in die Tat umgesetzt werden.

 Kathrein Hölscher
         

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Diese Seite wurde erstellt von Martin Heiden am 25.07.99